Slash, The Darkness y Iron Maiden en el Sonisphere’11

Iron Maiden, por Andrés

Las crónicas de los conciertos estrella del festival Sonisphere’11, celebrado en Getafe los días 15 y 16 de julio de 2011, por estricto orden de actuación

Los destellos del último guitar hero

Slash, 15 de julio

Slash, por Andrés

Slash, el último guitar hero, pasó por Madrid para dar una lección de rock&roll. El antiguo guitarrista de Guns ‘n’ Roses ofreció un recital que no decepcionó a los presentes, que salieron mucho más satisfechos de lo que esperaban. Porque al derroche de actitud que se le presumía al californiano se unió un concierto enérgico, que llegó a conectar con el público, que si bien reza por una posible reunión de la formación original de la banda de Hollywood (lo de ahora no es Guns ‘n’ Roses), valora y disfruta con la carrera de Slash por su cuenta.

Por supuesto fueron los temas que compuso con Axl Rose los que más animaron al personal. Temas clásicos como Nightrain, Civil War o Rocket Queen ponen los pelos de punta si ves a Slash interpretándolas, con su chistera y su Les Paul colgada. Me gustó que Myles Kennedy no demostrara complejos al interpretar estos temas, sobre todo, y los de Velvet Revolver. No es fácil el papel de los vocalistas sustitutos, más cuando hablamos de gente insustituible. La voz del americano recuerda mucho a la de Josh Todd, de Buckcherry, y resultó todo un descubrimiento. En el disco que presentaba Slash, Kennedy no se luce mucho en el tema que le toca cantar, y no tiene oportunidad de demostrar sus dotes. Supongo que el guitarrista reservaría las canciones para lucirse a las estrellas invitadas en el álbum. El concierto, además de hacernos brincar como posesos, me dejó con ganas de saborear el trabajo que puede salir de esta formación. La banda repasó temas de toda la carrera de Slash, y llamaron especialmente la atención los temas de Slash’s Snakepit, que daban la sensación de haber sido escritos para ser interpretados por este line-up, que se entregó al máximo y fueron a por todas. Tener en tus filas a uno de los nombres más importantes del rock es una garantía, pero sin una buena banda detrás que se crea lo que está haciendo sólo se puede esperar un fracaso rotundo (toma nota, Axl).

Se guardaron  para el final Sweet Child O’ Mine y Paradise City, del primer disco de Guns ‘n’ Roses, y que todo el mundo coreó de principio a fin, solos de guitarra incluidos. Tras un final apoteósico, y que no se alargó en exceso (Slash lleva muchas horas de vuelo y controla bien los tiempos), la banda se despidió exhausta, pero con la certeza de haber realizado un buen concierto. Lo hubieran confirmado con los aplausos del respetable si la organización no hubiera enchufado la música apenas terminaron los acordes del tema de cierre.

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I belive in a thing called rock

The Darkness, 15 de julio

The Darkness, por Andrés

Había expectación por ver el regreso de The Darkness, la que no hace mucho fue la banda más prometedora de Europa, y su actuación no dejó lugar a dudas. El grupo liderado por Justin Hawkins son lo mejor que le ha pasado al rock en la última década. Descargaron un directo arrollador y festivo, y demostraron que su vuelta va en serio.

Los ingleses cerraban la jornada casi a las tres de la madrugada, una hora difícil porque el público está cansado y venía de entregarse con Slash, pero en seguida nos llevaron a su terreno y demostraron desde el principio que han nacido para esto. Hawkins hacía gala de unos juegos vocales imposibles y no paró de moverse de un lado a otro del escenario, buscando la interactuación del público, haciendo el pino, jugando al fútbol con sus púas… el vocalista ha visto más vídeos de AC/DC y Aerosmith que los presidentes de sus clubs de fans. Tiene la lección bien aprendida, aunque no le hace falta memorizarla, se siente cómodo en el papel y lo interpreta de forma natural. Y así es también el rock de The Darkness. Natural, sencillo, clásico, pegadizo, con el único y firme mensaje de pasarlo bien, que es la auténtica esencia del rock&roll. La banda de los hermanos Hawkins fue descargando temas de sus dos álbumes, dejándonos una sorpresa por el medio. Presentaron un nuevo tema, en el que Justin aprovechó para cambiarse la poca ropa que le quedaba, y se embutió en unas mallas de rayas para regalarnos unos movimientos y gemidos a lo Robert Plant. La canción sonó muy bien, lo que hace que nos ilusionemos con su próxima entrega discográfica. Si el disco que ya están grabando resulta bueno (al menos tanto como sus predecesores) estaremos ya hablando de la banda actual de referencia. Porque el directo ya demostraron que es uno de sus fuertes. Cuando interpretaron el tema que les catapultó a la fama, I believe in a thing called love, el Sonisphere entero se volcó con ellos, y si bien no llegaba a los tonos de falsete del mayor de los Hawkins, no sería porque no lo intentaron.
Cerraron el show con Love on the rocks, en el que Justin se permitió hacer de Freddie Mercury durante un rato en sus juegos con el público, dejando en claro los cuatro pilares en que basa esta banda. Habrá que estar muy atento a The Darkness. Están destinados desde sus inicios a ser la banda que salve el rock & roll. Y han aceptado el reto.

Iron Maiden demuestran quién manda

Iron Maiden, 16 de julio

Iron Maiden, por Andrés

Puede parecer que no te ilusiona la recompensa cuando juegas a un valor seguro. Pero sólo lo parece. Iron Maiden fueron recibidos como héroes en Madrid porque llevan 30 años demostrando que son la mejor banda heavy de la historia, pero salieron ovacionados porque lo volvieron a poner de manifiesto. Se esperaba un gran show y los ingleses cumplieron con su parte ante un público entregado, que llenó por completo el recinto.

Iron Maiden eran el plato fuerte del festival, la verdadera razón por la que había una marea negra en Getafe. Más de 40.000 camisetas oscuras, la mayoría con el logo del grupo británico, llegaban hasta donde alcanzaba la vista. No me gustó que el concierto empezara de día, porque da la sensación de que el sol resta importancia al grupo que toca, pero fue un detalle apenas irrelevante. Como es habitual, la mítica canción Doctor, doctor de UFO calentó al personal, y con la puntualidad inglesa a la que nos tienen acostumbrados, a las 21h15 sonaba la introducción de The Final Frontier, la canción que da título al último trabajo de Steve Harris y compañía. Iron Maiden intercalaron sus temas más clásicos con los de esta nueva etapa que inauguraron con el regreso del vocalista Bruce Dickinson y Adrian Smith a las seis cuerdas en 1999. Pocos grupos, con tantos años de carrera a las espaldas, pueden permitirse el lujo de tocar canciones de sus nuevos trabajos, y aún menos que el público pida estos temas. ¿La clave de este éxito, el sueño de todo artista? Que The wicker man o Dance of the Death tienen la misma fuerza que The Trooper o The evil tan men do. Son canciones magníficas, y Iron Maiden tienen las mismas ganas que cuando empezaron. Dickinson no para de correr ni mientras canta, y sabe manejar al público como nadie. Además, su voz suena igual o mejor que cuando tenía 20 años. Harris, el verdadero artífice de la banda de metal, tampoco para de correr y apuntar al público con su bajo, mientras Smith mantiene su pose, más rockera. A ellos tres apuntan los focos principales, pero se les suma el loco Janick Gers (¿qué debe tomar este tío?), que sólo deja de dar vueltas a su guitarra para lanzarla por los aires, lo que contrasta con la actitud calmada de Dave Murray, que parece estar tocando heavy metal en el salón de su casa, al lado del simpático Nicko McBrian, que no debe ganar para baquetas con todas las que tira al público. Si en la primera parte intercalan temas de su antiguo repertorio con los nuevos cortes, la recta final la encaran a golpe de clásicos, que terminaron por enloquecer a los presentes. Fear of the dark, The number of the Beast, Iron Maiden (en la que la cabeza de un enorme Eddie, la mascota del grupo se asoma en el escenario)… hasta llegar a la épica Hallowed by thy name.

Y cuando pensábamos que oíamos las últimas notas del show, se sacaron un as de la manga y empalmaron con Running Free, clasicazo de su álbum debut, en la que Bruce aprovecha para presentar a sus compañeros y terminar de jugar con el público cuan flautista de Hamelín, para despedir juntos a un público agradecido, que no dejó de ovacionarlos durante buen rato. Si pudiera pedir un deseo (musical), sería que Iron Maiden no envejecieran nunca, y que pudiera verlos todos los veranos.

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7 Respuestas a “Slash, The Darkness y Iron Maiden en el Sonisphere’11

  1. Llego con 3 horas de retraso por el wifi del autobus… ¡si es que queremos todo!

  2. Me sumo a tu deseo Tomas. Ojala no envejezcan nunca y puedan alegrarnos la vida con su música de vez en cuando. Los vi y los disfrute como tu. Ya te lo dije el domingo antes de marchar del camping.
    Soy de una tierra hermosa… jejejeje que cabroncetes!

    Un abrazo.

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