Amaral convence en su huida “Hacia lo salvaje”

Amaral, por Andrés

Se las daban de duros, Amaral, cuando hablaban de su nuevo disco. Prometían guitarras crujientes, sonar más duro que nunca y como no se esperaba de ellos. Ha arriesgado el dúo zaragozano con Hacia lo salvaje, un disco guitarrero que luce el sonido menos Amaral de Amaral. No esperen un disco de hard rock, que parecían augurar, pero no espere lo que esperaba si vivía al margen de las declaraciones del grupo.

La ya veterana banda cuenta con una carrera intachable. Todos sus discos han sido éxito de ventas, y han puesto de acuerdo a público y crítica. ¿Y éste? Si había dudas, el sexto disco de Amaral es nº1 de ventas en España desde su lanzamiento, el 27 de septiembre, y han colgado el cartel de no hay entradas en todos los conciertos de la gira de aquí a final de año. Y, ¿el disco? Han puesto a todos de acuerdo otra vez. Un hito al alcance de muy pocos.

Eva Amaral y Juan Aguirre siempre se han sentido cómodos en el pop rock, en el sentido más puro de la palabra. Su sonido de estudio es pop, material directo para la conformista radiofórmula, con la suerte de que gustan a todos y no repelen a nadie. Pero son de espíritu rockero. Sus conciertos están más cerca de los Rolling Stones que de los Beatles. Y este álbum entra en este estilo. Desde la salida del single, Hacia lo salvaje, nos creímos que no sería el típico disco de Amaral. Disco que, si quieren seguir descubriendo, más vale que se hagan con él (del modo que sea), porque apenas oirán alguno de los 11 temas restantes en las radios, que ya apenas han pinchado el single. Este es el debut de los zaragozanos a través de su propio sello, Antártida, tras finalizar su contrato con la todopoderosa EMI. Todopoderosa porque su brazo parece que llega a vetarlos en la radios mayoritarias, tras su espantada. Este simbólico pulso de Amaral puede significar el comienzo de una nueva era, aunque por ahora sólo grupos de su calibre puede aventurarse en ello. Grupos de su status, con discos como éste, con buenas canciones, directas y sinceras. Los temas que sostienen el disco, además del rockero que le da título, son Antártida, Montaña rusa, Como un martillo en la pared y Hoy es el principio del final. La primera es un medio tiempo con cierto tufillo indie, pero con un estribillo envolvente, y hasta las habituales referencias cinematográficas en las letras de Eva (“Camina hacia la luz, pequeña Caroline”). Montaña rusa es una canción rockera, que empieza con el bajo y deja paso a unas guitarras muy grunges, con una distorsión al estilo de Seattle. La tercera está inspirada en las manifestaciones del Movimiento 15M, de las que eran espectadores privilegiados, desde su estudio en Madrid, junto a la Puerta del Sol.  Suena muy americana, y repite los típicos “Uh, uh” (seña de identidad) de Hacia lo salvaje. Recuerda al disco de Eddie Vedder, de mismo título que este que nos ocupa (Into the wild, 2007). Hoy es el principio del final es la más sorprendente de todas, aún pareciendo a primera escucha un tema más Amaral. Con un inicio suave, muy melódico, las guitarras van cobrando protagonismo para dar paso a un estribillo marcado por la voz de Eva… ¡en falsete!, en una de las mejores interpretaciones de la cantante aragonesa, en la que nos habla desde dentro de su reciente (real) ruptura amorosa. También resulta algo sorprendente Cuando suba la marea, que por momentos recuerda a La Oreja de Van Gogh, pero sin resultar tan pedante. Hay más canciones de sonido reconocible, como Si las calles pudieran hablar, Robin Hood, Riazor u Olvido, que terminan siendo las más aburridas por previsibles. Resultan más gratificantes por su frescura Esperando un resplandor o la que cierra el disco, Van como locos, que tiene ese tono festivo inconfundible de los conciertos de la pareja (artística).

Amaral han jugado valiente. Han apostado por su entrega menos comercial cuando menos convenía, aunque quizá hayan arriesgado para demostrar al mundo y a sí mismos que son ellos los dueños de su obra. Además, han puesto en jaque a la industria vendiendo el álbum a un precio asumible para el público, que deja en entredicho algunas posturas de las discográficas. En definitiva, un buen trabajo, al alcance de cualquiera en las tiendas, y a la vez de muy pocos.

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