Mötley Crüe lavan sus “trapos sucios” en público

Mötley Crüe, por Andrés

Hace 10 años se publicó la autobiografía de Mötley Crüe, un libro que supuso un punto de inflexión en el género. La banda más salvaje del rock & roll dio el pistoletazo de salida a la avalancha de memorias de los chicos malos que ha dado el rock, como Keith Richards (Rolling Stones), Slash (Guns N’ Roses, Velvet Revolver) (ver reseña aquí) u Ozzy Osbourne (Black Sabbath, Ozzy), por citar sólo los que han sido traducidos a nuestro idioma. Y, como suele ocurrir, ninguno supera al original. Al menos en lo que a excesos se refiere, en este caso. Ninguna banda ha personificado tan fielmente el lema Sexo, drogas y rock & roll como el cuarteto de Los Ángeles, lo que sorprenderá al lector no amante del rock que los cuatro aún se amntengan con vida y sanos para escribir, con la ayuda del periodista del New York Times Neil Strauss, Los trapos sucios (The Dirt, Regan Books, 2001. En España, publicado por Es Pop Ediciones en 2008).

Giras mundiales, actrices porno, discos de oro y platino, cantidades industriales de alcohol, amistad, peleas, estancias en la cárcel, modelos, accidentes mortales, ocultismo, motos y jets privados, sobredosis repetidas, idas y vueltas de miembros, cuero, laca, maquillaje y rock & roll. Todo esto y más encontramos en Los trapos sucios, la historia de cuatro ratas de alcantarilla que soñaban con tener una banda, y casi mueren en el intento. Cada miembro escribe sus propios capítulos, desde su punto de vista y ordenados cronológicamente, por los que repasan todas las etapa de Mötley Crüe: sus duros comienzos, en los que tenían que robar comida en los supermercados para sobrevivir (el alcohol no, era “una cuestión de orgullo”), y vivían en una casa sin muebles, con sólo un horno que había que encender mucho antes para aniquilar las cucarachas que vivían dentro; su ascenso a la fama, cuando empezaron a llenar varias noches seguidas el Whisky Go Go, la sala de conciertos más importante de L.A. en aquella época, su contrato discográfico que, como toda banda de rock que se precie, no pudieron grabar en condiciones porque se liquidaron el adelanto en dos días; su vida en el estrellato tras la publicación de sus primeros álbumes. Los capítulos más jugosos van desde antes de publicar su primer disco, Too Fast for love (1982), a 1991, con la rehabilitación de los cuatro músicos y la posterior publicación de Dr. Feelgood (1989), su último gran álbum, y que fue nº1 en EEUU. Durante esta época, los angelinos vendieron 40 millones de discos, y giraron por medio mundo. Hay historias tronchantes, como la que vivieron con Ozzy Osbourne en un restaurante, hormiguero y billete para esnifar de por medio. También resultan de interés las del proceso creativo de la música, pero sin duda son las relacionadas con sus excesos las más llamativas, como la de la doble sobredosis por heroína de Nikki Sixx en casa de Slash, en la que el corazón del bajista estuvo dos minutos sin latir, y milagrosamente volvió a la vida… para regresar al hospital al día siguiente por el mismo motivo. Lo del bajista y líder del grupo es caso aparte. Su vida da para, más que un libro, una trilogía. En el libro se incluyen hasta las cartas que Tommy Lee, el más simpático y el que se muestra más abierto, mandaba a su entonces esposa Pamela Anderson desde prisión, donde pasó 6 meses por maltratarla (aún no había colgado en internet el vídeo de su noche de bodas). Además del callado guitarrista Mick Mars, que siempre, incluido en este libro, parece fuera de lugar, y Vince Neil, que parece a la defensiva durante las 480 páginas, también participan John Corabi, sustituto del rubio vocalista entre 1992 y 1997, y los representantes en su época dorada Doug Thaler y Doc McGhee.

Los Trapos Sucios está pendiente de rodaje en Hollywood desde su publicación. No es extraño, pues se trata de un relato que te hace sentir sucio, pero te atrapa. Un cóctel infalible y demoledor. Cada historia es tan poco modélica como memorable, y se alcanzan tales límites que la autenticidad de alguna termina por resultar dudosa. Aunque ¿por qué iban a inventar anécdotas, cuando tirando de memoria, cualquier “aventura” suya siempre será mejor?

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Mick, Nikki, Tommy y Vince, en el año 2010

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2 Respuestas a “Mötley Crüe lavan sus “trapos sucios” en público

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