Cuando Bunbury casi fue profeta en su tierra

Bunbury II, por Andrés

BUNBURY, Zaragoza, 20 de febrero 2012
Bueno 7,5/10

Volvía Bunbury a Zaragoza, un año después de su última visita, creando gran expectación. Un Príncipe Felipe lleno hasta la bandera esperaba al cantante, que presentaba Licenciado Cantinas, su última obra en la que reivindica la figura del intérprete (ver reseña aquí). Y, por si había alguna duda, quedó patente que en esta faceta el aragonés es insuperable.

Sobre el tablado, Bunbury crece, se magnifica. La puesta en escena, sus exageradas gesticulaciones y su impecable interpretación pueden llegar a resultar hipnóticos. Desde su entrada en el escenario, con Llévame, acaparó miles de miradas fijas, tantas como había en el pabellón. Los Santos Inocentes, la banda que le acompaña desde 2008, se mueven al ritmo que impone, que con tres chasquidos marca el inicio de una canción, o reclama más intensidad lanzando golpes al aire. Una mirada al pasado puso en caliente a los presentes, que corearon al máximo los clásicos El Extranjero y La Señorita Hermafrodita, adaptada al nuevo sonido de la gira, con un estilo rock & blues, muy vaquera. Para dotar de este aire americano al repertorio, no ha escatimado en recursos. Contrabajo, banjo, bongos, acordeón y más instrumentos al servicio del artista. Artista con mayúsculas, porque no hay otro modo de definir a alguien que su sola presencia es capaz de llenar el escenario, que no da respiro a sus coreografías, y que crea una conexión casi mística con su público desde que pisa el escenario. Ódiame, el single del nuevo disco, también fue una de las más coreadas, que dio paso a una de esas canciones para acérrimos como es El Anzuelo, un medio tiempo de El viaje a ninguna parte (2004) que en su día pasó sin pena ni gloria, pero que es dinamita en directo. Es complicado poder adivinar el setlist de un concierto del zaragozano. Prepara unas 60 canciones para cada gira, y se esmera en ofrecer un recital distinto cada día, y poniendo cuidado en no repetirse en la misma ciudad. Bujías para el dolor, la gran ausente del concierto de 2011, puso al público de nuevo en pie, para volverlo a hipnotizar con la preciosa De Todo el Mundo. Con, uno de los más aplaudidos, Bunbury tenía al público en su mano, y no parecía dispuesto a soltarlo. Aunque terminaría por abrir la palma. Empezó por Cosas Olvidadas, que bajó la intensidad, y continuó en los bises, con esa versión blues de Infinito y un nuevo amago de fuga, que trajo un discurso del cantante sobre la situación actual, la política, la crisis y el derecho de los artistas a expresar su opinión, que terminó con un “que cada uno aporte lo que sepa” que hacía presagiar el tema de Héroes del Silencio Iberia Sumergida, como el año anterior, pero que resultó ser el vals … Y al final. Todo el Príncipe Felipe estaba esperando Apuesta por el Rock & Roll, fija en su repertorio desde que inició su carrera en solitario, pero el cantante huyó del morbo y finalizó con una sensacional versión de El tiempo de las cerezas, de su disco más desconocido, que resultó tan sorprendente como inapropiada para echar el telón.

Estos patinazos finales mancharon un concierto impecable, que bien podría haber resultado de cátedra. Mediante Bunbury actúa, aleja la posibilidad de reunión de Héroes. Basta verlo en el escenario con su nuevo repertorio para darse cuenta. Parece invencible. Pero el obstinado mensaje que lanza obviando de nuevo las canciones de su ex grupo dejó descontento a su público, que añoraba un final como el de 2011 con La chispa adecuada, o simplemente Apuesta por el R&R, compuesta además por paisanos suyos. También se echó en falta algún guiño de Bunbury a su tierra, alguna sorpresa, pero, profesional como pocos, el aragonés no concede privilegios. Pese a estos detalles, el show fue muy bueno, muy caliente por momentos, con un público entregado y un artista excepcional, en plena forma y con aún mucho que decir.

Setlist:
1.    El mar, el cielo y tú (instrumental)
2.    Llévame
3.    Ahora
4.    El solitario (Diario de un borracho)
5.    La señorita hermafrodita
6.    El extranjero
7.    Ódiame
8.    El anzuelo
9.    No me llames cariño
10.    Bujías para el dolor
11.    Ánimas, que no amanezca
12.    Sácame de aquí
13.    Que tengas suertecita
14.    El día de mi suerte
15.    De todo el mundo
16.    Sí
17.    El hombre delgado que no flaqueará jamás
18.    Cosas olvidadas
19.    Los habitantes
20.    Infinito
21.    Nunca se convence del todo a nadie de nada
22.    … Y al final
23.    El tiempo de las cerezas

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Una respuesta a “Cuando Bunbury casi fue profeta en su tierra

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