Foo Fighters y el disco del que todo el mundo habla

Foo Fighters, por Andrés

Puntuación: 9/10

El séptimo disco de Foo Fighters ha sido un bombazo en todo mundo. La banda de Dave Grohl, antiguo batería de Nirvana (reconvertido en guitarrista y cantante), vive en una nube. Wasting Light, publicado en abril del año pasado, no ha parado de recibir elogios y premios como mejor disco de 2011, que han terminado de confirmarse esta semana en los Premios Grammy, en los que se hicieron con el premio a Mejor álbum de rock, y a Mejor canción de rock por Walk. Grohl y los suyos volvieron con 5 de los 6 premios a los que optaban, lo que demuestra el momento en dulce de una de las bandas llamadas a liderar el rock.

Y no es para menos, es un discazo. El mejor del grupo en sus 16 años de historia. Grohl volvió a contar con Butch Vig en la producción, 20 años después de pasar juntos a la historia con Nevermind (1991) (ver reseña por su aniversario aquí), y el resultado es 11 temas de gran calibre, a cada cual mejor. No sobra ninguno. Los 47 minutos que dura el redondo son brillantes, de la primera a la última canción. Wasting Light no es un álbum complejo. De hecho es de fácil escucha, de los que entran a la primera, y en los que Grohl da rienda suelta a sus distintas influencias, en los que predominan el hard rock y el rock alternativo, para hacer un disco 100% Foo Fighters. El grueso lo componen Rope, Dear Rosemary, Arlandria, These Days y Walk, todas ellas muy melódicas, de guitarras crudas y estrillos pegadizos, en especial la última de ellas, que cierra el disco de una forma espectacular, creciendo progresivamente hasta terminar desgarradora y directa a la yugular (que no se pierda nadie el videoclip, más abajo). Este quinteto será fijo en futuros repertorios de los de Seatle. Back & Ford nos transporta a su época con Kurt Cobain, en ese grito anterior al estribillo que recuerda mucho a Territorial Pissings. Hay cortes más rabiosos, como Miss the missery y, sobre todo, White Limo, un trallazo entre Motörhead y Slayer (de los que Grohl lució una camiseta en la ceremonia de los Grammy, por cierto), y poco espacio para la mesura. La emotiva I should have known, en la que participa Krist Novoselic, antiguo bajista de Nirvana y ahora en labores políticas, es el único momento sosegado que nos brindan en un álbum vibrante, que rebosa energía.

Foo Fighters se han consolidado definitivamente como una de las bandas a seguir. Y no sólo por su discografía, sus directos llevan camino de convertirse en legendarios. En Madrid aún se habla de sus tres horas de concierto en el Palacio de los Deportes. Además, Dave Grohl conserva esa imagen de tipo auténtico, y que adora dedicarse a esto. Con todas estas credenciales, nadie puede dudar de su candidatura a ser la nueva banda que devuelva el rock a los estadios.

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